El cambio de horario: entre la oscuridad y la oportunidad de reconectar

Nov 3, 2025

Y de nuevo, el reloj se mueve.


El cambio de horario llega casi sin pedir permiso, y con él, la tarde se acorta, la noche se adelanta y pareciera que el día se escapa entre las manos. Nos prometieron que quizá este año no lo cambiarían, pero aquí estamos otra vez, ajustando rutinas, cuerpos y emociones.


Este pequeño movimiento en las manecillas del reloj nos recuerda algo más profundo: que no siempre tenemos el control.

Que hay ciclos que simplemente llegan, y que resistirnos a ellos solo aumenta el malestar.


Mientras las obligaciones continúan —el trabajo, los hijos, las tareas cotidianas— la oscuridad se cuela más temprano por las ventanas. A algunos les encanta esta época: el ambiente de Halloween, las fiestas, la excusa para encender velas. A otros, en cambio, les pesa el recuerdo de quienes ya no están, o sienten una nostalgia que no saben nombrar.


El Día de Todos los Santos, más allá de la tradición, es también una invitación al recogimiento. Un recordatorio de los vínculos que trascienden el tiempo y el espacio.


Y quizás, en medio de esta oscuridad temprana, podamos hacer un alto y preguntarnos:
¿Qué necesito cuidar dentro de mí en este nuevo ciclo?


No se trata solo de “superar” la oscuridad, sino de aprender a convivir con ella. De mirar qué partes de nuestra vida necesitan luz, atención o descanso.


Algunas pequeñas acciones pueden ayudar a transitar este cambio con más equilibrio:
Reunirte con amigos, aunque sea para una charla breve y sincera.
Apuntarte a una actividad que te motive: una clase de yoga, un idioma, un taller que despierte tu curiosidad.
Planear un viaje, aunque sea para más adelante: la ilusión también es medicina.
Organizar una celebración, un cumpleaños, un reencuentro.
Dedicarte tiempo, sin culpa, a leer, meditar o simplemente no hacer nada.


El otoño —y con él el cambio de hora— nos invitan a soltar el ritmo frenético del verano y mirar hacia dentro.
Agradecer lo vivido, honrar lo perdido y abrir espacio para lo nuevo.


La oscuridad no solo anuncia el fin del día; también prepara el terreno para el renacer.